martes, 22 de noviembre de 2005

El negro

Esto no es mío, es de Rosa Montero y es muuuuuuyyyyyyyyyyy bueno.........
"Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta. Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

7 comentarios:

O.k.,o.k.! dijo...

¡Qué bueno!

Más de una situación similar (sin llegar a esos niveles) me he encontrado al acompañar a mis amigos africanos o bengalíes por ahí ;-)

Y la que más rabia me da, por lo que se ha llegado a repetir, es que me pregunten, delante de mi hijo, de qué país es ¬¬ (es mulato, pero nació en Barcelona porque lo parí yo, señora)

bellosoli dijo...

Muy buena la historia! me sabe un poco mal por la alemana... que ridícula que debía sentir! La verdad es que el paternalismo de unos es malo, aunque prefiero eso al odio irracional que otros muestran por lo desconocido.

b-on//janbaar dijo...

creo que deberíamos leerlo todos y que no sólo fuera una columna! tal vez aprenderíamos algo más de nosotros mismos!

Folken dijo...

Felicita a Rosa montero de mi parte porque es muy bueno xD

Hanna B dijo...

si es que somos como animalitos.. unos más fieros, los otros más amables.... es curioso que por no hablar a veces hacemos el ridi, tanto cuesta una frase bien dicha, bien entondada, bien educada?
la historia, genial. falta saber, le dijo algo la alemana al negro luego?

O.k.,o.k.! dijo...

Yo voto por que se calló y se fue a comerse TAMBIËN la comida de su bandeja ;-)

Estaría bien que se hubiera traido su comida y la hubiera compartido con el chico...

Wolffo dijo...

jajajajajajajaaa!

¡Qué bueno!